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Un taxi comunicacional

Si buscáramos en un diccionario la definición de un vehículo, encontraríamos que se trata de medios de transporte de personas o cosas. Aquello que sirve para conducir o transmitir fácilmente algo (sí, lo confirmamos con la RAE y todo). Transportan. Transmiten. Vendrían a ser como el taxi que nos lleva desde donde estamos hasta donde sabemos que queremos llegar.

¿Por qué esta gente me está hablando de taxis si yo ingresé en un blog que habla sobre Comunicación Interna? Tranquilo que tenemos la respuesta para eso también, pero a ésta no la encontramos en ningún diccionario, sino en nuestra metodología. El equivalente de un vehículo en nuestra disciplina vendrían a ser todos los medios y canales que el área CI tiene a disposición para dar a conocer un mensaje (o para recibirlo de parte de los colaboradores). Así, carteleras, newsletters, intranets, reuniones, apps internas, house organs, eventos de fin de año, videos, y un enorme etcétera vendrían a ser un “taxi” comunicacional que conducirá nuestros mensajes a lo largo y ancho de la organización.

Pero nótese algo importante: ¿acaso sabe el taxista a dónde tiene que llevarnos si no le indicamos previamente nuestro destino? A la hora de elegir los vehículos a través de los cuales difundiremos nuestros mensajes, es importante primero definir qué objetivo queremos lograr con los mismos (la dirección que le daremos al conductor, a menos que sea vidente,  o Charles Xavier de los Xmen, o algo así). Con esto en mente, avanzamos en nuestro artículo.

¿Mediatos o inmediatos?

Públicos o privados, a motor o a pedal, de dos o de cuatro ruedas, a nafta o ecológicos… son muchas las clasificaciones de los vehículos, pero ninguna de estas nos sirvió a la hora de lograr establecer una verdadera diferencia comunicacional y menos en comunicación interna. Por eso, venimos a agregar una distinción más: mediatos o inmediatos.

¿Cómo es esto? Como su nombre lo indica; para llegar a los colaboradores, podemos elegir vehículos “cara a cara” o vehículos que median entre la persona y el mensaje que se busca transmitir. ¿Y cuándo es conveniente utilizar cada uno? Dependerá del objetivo de comunicación que nos hayamos planteado (del que hablamos unos párrafos más arriba).

Supongamos que queremos dar a conocer un cambio importante, por ejemplo una fusión. ¿Qué vehículos no podríamos dejar fuera de nuestro plan por ninguna razón? ¡Los inmediatos, por supuesto! Son interpersonales, dan lugar a la pregunta y a la repregunta, incluyen la dimensión del lenguaje gestual, y, bien coordinados, permiten orientar la interpretación y no librarla al azar. A la hora de comunicar temas de gran relevancia, es muy conveniente contar con vehículos inmediatos para poder tener un cierto “control” de la situación. Estos son, por ejemplo: los desayunos de trabajo, las reuniones inter e intra equipos, los encuentros con el CEO, las rotaciones de empleados, los “on the job” y tantos más como nuestra imaginación y la de nuestros colaboradores proyecten (co-creación: un término sinérgico en materia de Comunicaciones Internas).

¿Implica esto dejar de considerar los vehículos mediatos (un newsletter, un house organ, un mural, una cartelera, un folleto…) dentro de nuestro plan? Por supuesto que no. Estos medios nos servirán como apoyo para las comunicaciones presenciales; ayudarán a instalar o recordar el tema y a generar intrigas (si se tratara de una campaña con teasers, por ejemplo). Es decir, irán acompañando y reforzando el mensaje principal, que habrá sido transmitido de forma inmediata.

¿Cuál es el kit que mi empresa necesita? ¿Cuál es la fórmula mágica? Aquí la respuesta es simple: trabajamos con gente, con sujetos, no con objetos. Son personas que reflexionan, que cambian, que evolucionan (¡a veces gracias a nuestros aportes de Comunicación Interna!) y que, por ende, tienen necesidades diferentes y cambiantes.

La mejor solución será la que, previo diagnóstico, más se adecuará a las reales y profundas necesidades organizacionales (ni solo a lo que nos diga la gente, ni solo a lo que percibamos, ni solo a lo que encontremos en la empresa… sino a la suma de todo ello y más).

Cada organización es única y cada solución debe también serlo. Quien acierte con la fórmula habrá conocido en profundidad a su audiencia y la habrá sumado al área de Comunicaciones Internas, que debe ser un ámbito de coparticipación y gestión compartida.