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comunicación interna, música y silencios

¿Cómo se gestiona el silencio?

Existen distintos tipos de silencio. Los que “emiten” los colaboradores (y que los comunicadores debemos aprender a escuchar). Los que “comunica” la empresa -por omisión- al no salir a contar una novedad importante para todos. Y también están aquellos que el departamento CI gestiona estratégicamente. Históricamente en nuestros blogs hemos hablado de los primeros dos. Pero ¿contamos los comunicadores en forma consciente con el silencio como aliado?

Pensemos en la música. “La música no son las notas, sino la distancia entre las notas”, dijo el reconocido artista Charly García en una entrevista televisiva. Esta distancia se traduce, justamente, en silencios. Así, el silencio musical podría definirse como una sucesión de notas sin ejecución. Las composiciones musicales requieren de distintos sonidos, obviamente, pero también de silencios, dos de los aspectos a partir de los cuales es posible conformar los parámetros sonoros (duración, altura de las notas, timbre, intensidad) y también los musicales (ritmo, melodía, armonía, textura, dinámica). Así de importante es el silencio que en las partituras tienen un símbolo propio (al igual que las blancas, las corcheas, las fusas, etc.). El silencio en la música pone en valor los sonidos. Los resignifica y nos permite entender su intención. Por eso, lo que no se dice es tan importante como lo que se dice. Si pasamos del estudio de grabación a la oficina del área de Comunicación Interna podemos ver que pasa lo mismo.

Que no haya contenido físico (un afiche, un correo, una acción, un discurso) no implica que no haya un significado. El silencio es una sombra de significación que por más que se esconda, se ve, y esa sombra también es un significante, ya que -como hemos visto-, callar también es una forma de decir algo. Callar siempre comunica. Y muchas veces, con un volumen mayor que el propio sonido. De lo anterior se desprende no solo la relevancia de saber escuchar, sino también la de aprender a gestionar el silencio como elemento clave de nuestra comunicación.

Pero volvamos a la música. Así como la falta de un mensaje físico en la oficina no significa que no haya mensaje, el hecho de que un grupo de instrumentos no estén emitiendo sonidos no significa que no se esté haciendo música. Y así como hay distintos tipos de sonidos y ritmos, hay también distintas tipologías de silencios*, a saber:

Silencios de unión. Son silencios muy breves y fugaces que se dan naturalmente para espaciar el flujo entre nota y nota y de esta manera permitir que se distingan y comprendan. Como ejemplo musical podemos escuchar el principio del tema Highway to Hell de AC/DC: se presenta un primer sonido que inmediatamente desaparece, y que obtiene luego como respuesta otra serie de acordes dentro de uno de los riffs de guitarra más reconocibles. En comunicación interna, los silencios de unión vendrían a ser los márgenes en las carteleras, la planificación de los correos para que el área no envíe diez en un mismo día, la periodicidad de cierto tipo de reuniones… Son silencios que separan, pero que permiten ver una coherencia entre comunicación y comunicación, ordenándola.

Silencios de impacto. Son silencios que aparecen de forma repentina y que posibilitan generar un contraste con su contraparte: el sonido. Por este motivo, se utilizan principalmente para separar ideas dentro de un tema musical. Si bien también son breves, lo son menos que los silencios de unión, y por este motivo tienen un mayor protagonismo. Como ejemplo auditivo, podemos encontrar estos silencios de impacto en la Obertura Coriolano 62 de Beethoven. Si de separar ideas se trara, su comparación con nuestra disciplina podría hacerse perfectamente con las distintas secciones que tenemos en nuestros vehículos de comunicación (en la cartelera, en la intranet, en los newsletters), o en con los diversos bloques de una reunión o presentación si pasamos al plano interpersonal. Estas pausas comunicacionales nos dan aire, nos permiten respirar, son el punto y aparte que nos indica que hasta aquí llegó un tema, y aquí comienza otro.

Silencios reveladores. Este tipo de vacíos de sonido existen no para contrastar ni para vincular, sino para permitir que el sonido que vendrá posteriormente tenga un mayor protagonismo. Un ejemplo clarísimo puede oírse en I will always love you de la película “El guardaespaldas” (tal vez la Balada Definitiva, la madre de todas las baladas, pero esto es opinión meramente personal y no queremos generar debates -o sí-). Volviendo a los silencios, este silencio revelador puede apreciarse justo antes de que rompa el último de los estribillos (ver minuto 3.05), en donde la ausencia de sonido permite luego que reluzca en toda su magnitud la voz de Whitney Houston. Obviamente, el equivalente en comunicación interna puede ser una campaña de incógnita. Sabemos que algo va a ocurrir, tenemos algunos indicios… pero hay un secretismo alrededor del tema a tratarse que, al ser finalmente comunicado, genera un mayor impacto que una comunicación normal.

Silencios de juicio. Para finalizar, estos silencios tienen un total protagonismo por ser los más duraderos. Entonces, al haber más silencio, este tiene un mayor peso, una mayor carga de significación. Son intencionales y pretenden hacer que quien los “escucha” pueda reflexionar sobre su significado. Como ejemplo hiperbólico podemos poner a la canción 4’33 de John Cage, que es silencio en su máxima expresión. Y como ejemplo comunicacional, podríamos pensar en las veces en las que el departamento CI prefiere callar para salir a escuchar. Ya lo decía Salomé Vogelin: el silencio no es la ausencia de sonido, sino el principio de la escucha. Los espacios de escucha son silencios del sector que serán llenados por nuestros colaboradores justamente con sus opiniones e interpretaciones sobre lo que estuvimos comunicando (u omitiendo) previamente. Y a estos espacios hay que gestionarlos, generarlos, darles un lugar, una frecuencia y una consecuencia. Estos “silencios” son importantísimos y deben ocupar un espacio en nuestro Plan de Comunicación Interna.

Así como la música es mucho más que un par de notas concatenadas, la comunicación también es más que un conjunto de palabras. Los silencios (intencionales o no) son clave en ambas disciplinas. Y por eso, debemos aprender a dominarlos.

 

*Fuente: podcast “Cuatro gordos hablando de música”, episodio 12, segunda temporada.

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